lunes, 21 de abril de 2014

DE CUANDO PERDIMOS NUESTRO MUNDO


1, 2, y 3 mangulina es; 1, 2 y 3 pisacola; ….27, 28, 29 y 30 el que no se escondio se quedo, el que se escondio detrás del tani tambien se quedo….
Voces de la ninez.
Sonidos de la nostalgia.

Frases que forman parte de un tiempo perdido que pensamos que duraría para siempre.

Y es que formamos parte de una generación a la que penosamente le tocó ser la ultima en tomar la antorcha de relevo en la carrera de una cultura que definió prácticamente todo el siglo XX.

Y digo penosamente porque nunca pudimos imaginar que con nosotros acababa mucho de lo que la vida tenia de mágico para hacerse hermosa y porque de alguna manera nos hemos sentido responsables de que haya sido en nuestras manos en las que terminara esta forma de hacer las cosas que nos definía, que nos daba nombre, que nos hacia únicos, que nos hacia algo dentro del todo.

Pasó pues que en la década de los 80’s del siglo XX, concretamente en el segundo lustro de la misma, perdimos nuestro mundo.

De repente pasaron a ser obsoletas muchas cosas: el buscar a los amigos y llevarlos en el timón y la barra de la bicicleta, se fueron quedando vacias las canchas de baloncesto adosadas a los techos las casas, las paredes dejaron de ser el lugar donde bateábamos las pelotas de goma, los arboles se quedaron huérfanos de tarzanes y las tardes de los amigos ya no volvieron a tener batmanes y supermanes.

Los arboles frutales (guayabas, mangos, nísperos, cajuiles solimanes y demás) dejaron de ser asolados al desaparecer el maroteo intenso a que eran sometidos  en los tiempos de vacaciones escolares. 

Las piernas paternas empezaron a quedarse vacías, ya no era necesario sentarse en ellas para ver (solo con papá) Bonanza, Bat Masterson, La cuerda floja o La dimensión desconocida.

Cada dia quedaban mas lejos las tardes pobladas de Mr. Magoo, Don Gato y su pandilla, Maguila Gorila , Huckleberry Hound, el Lagarto Juancho, Ricochet Rabbit (bing, bing, bing), Rufo Coyote, Tora el pez tigre balon, Johnny Quest, Los autos Locos de Pier Nodoyuna y hasta el inefable Sheriff Marcos!

Desaparecían también las celebraciones de los cumpleaños caseros (toca discos incluido) en los que se daba cita todo el barrio a la espera del momento de jugar al regalo sorpresa, el que se iba desgajando de sus múltiples envolturas al compás de “dáselo a…” y tu esperabas que cuando te tocara te saliera el “dáselo a la que mas te gusta” para no tener que declararte.

Se despedía el tiempo en que nos hacíamos novios luego de innumerables horas pegados al teléfono, y de los noviazgos de domingos de cines y de pizzas. Un tiempo donde el amor inocente era el protagonista y la sola presencia de la enamorada provocaba el relajo de los amigos del barrio y la profunda vergüenza del “asfixiao”.

Eran los años de los amores eternos, de los amigos hasta la muerte. De los paseos agarrados de la mano, de los besos escondidos y las caricias furtivas mientras sentíamos el corazón latiendo en la garganta. 

Cada padre era a la vez padre de todos ya que estaba autorizado al “si lo ves haciendo algo malo dale su pela sin preguntar” frase con que se daba anuencia a cualquier cocotazo o correazo “instructivo” con que se enderezaba cualquier mal comportamiento.

Estábamos obligados a mantener una comunicación respetuosa con los adultos de nuestro tiempo. No podíamos dirigirnos a ellos ni haciendo uso de malas palabras ni con mal tono. No se nos ocurría.

Fue este el tiempo en que perdimos la calidad de los programas de televisión, de sus presentadores y de lo presentado. Dejábamos atrás a Yaqui Núñez, José Joaquin Pérez, Daniel Díaz Alejo, Julie Carlo, Zoila Luna y muchos mas que siempre basaron lo que hacían en la preparación y el respeto de la audiencia.

Junto a ellos desaparecían de la radio las voces de Ramón Aníbal Ramos, Nelson Rodríguez, Pepe Durán, Teo Veras y Pedro Maria Santana cada uno tratando de innovar mas que el otro, cada uno tratando de llevar un mejor producto a sus radio escuchas. 

Así vivíamos hasta el fatídico momento en que la cualquierización llegó y nos arrebató nuestro mundo arrasando con todo aquello que teníamos, con todo lo que había sido nuestra vida, sentándose decidida, como hasta ahora, a imponer su control en todo lo que nos rodea.

Hoy impera en toda manifestación de los responsables de llevar el mundo a su próximo estadio la vulgaridad, la mala educación, la chabacanería, el irrespeto, la indefinición, la ausencia de principios o la negación de los mismos y los mas bajos instintos que una sociedad o grupo humano pueda expresar.

La única esperanza que podemos albergar, es que estemos viviendo ese período indefinido que antecede a los grandes cambios que la humanidad ha experimentado en su historia; que esta no sea la expresión final del futuro que le espera al mundo (no a nosotros que ya vamos de salida), sino ese interregno donde se esta a la búsqueda del camino a seguir, donde se hace necesario rechazar todo lo que queda atrás sin saber bien que vamos a poner delante. 


…fao aparao e’ ao y el que la bote son lo tri… (foul aparado es out y el que la bote son los three)

domingo, 10 de febrero de 2013

CRONICAS DE MEDIO SIGLO




II

El primer día del año 1959  el mundo no solo estrenaba un nuevo año. Ese día marcó el inicio del primer gobierno revolucionario en América (América la de todos que los del norte sienten que sólo hay una).
En todas las pantallas televisoras del orbe (vía satélite porque en aquel momento no había cable) se pudieron ver las imágenes de lo que entendíamos como las dos caras de la moneda que vivíamos: la huida de Fulgencio Batista de Cuba y la entrada triunfal del ejército revolucionario a la emblemática ciudad de la Habana. O lo que para los latinoamericanos era lo mismo: las imágenes de la opresión  y la libertad.
Para la intelectualidad “progresista” de la época este hecho constituía a la vez el epilogo de un período histórico que dejábamos  atrás y el prologo del mundo nuevo hacia el que la rueda de la historia nos impelía irremediablemente. Pero lo más importante era que este hecho parecía darle la razón a los que sostenían las tesis de que “el motor de la historia es la lucha de clases”, que la “religión es el opio de los pueblos” y que el “imperialismo es la fase superior del capitalismo”. En síntesis: el marxismo había triunfado.
A partir de este momento se sacralizó en los círculos intelectuales todo lo que oliera a marxismo y se satanizó el capitalismo. Aquellos que no comulgaban con las nuevas ideas pasaron a ser, en el mejor de los casos, reaccionarios (había otros motes como “cavernarios”) mientras que sus propulsores eran considerados vanguardistas.
Mientras esto sucedía en las elites del pensamiento, en aquella generación de postguerra ávida de cambiar el mundo que se había refugiado en guetos, que enarbolaba las consignas de paz y amor, que soñaba su futuro tras las brumas del LSD, que había inaugurado la cultura unisex y que en poco tiempo descubriría la píldora anticonceptiva y crearía la minifalda, empezó a generarse un espacio dentro del mundo real a través de este cambio de paradigmas.
La cultura hippie gradualmente empezó a asimilar y a asimilarse en aquella corriente avasallante que adivinaba el porvenir en bolas de cristal rojas sostenidas sobre hoces y martillos y en los que el contrario se reducía  a rectángulos de barras y estrellas que empezaron a ser quemados en cualquier calle de lo que eufemísticamente se empezó a conocer como Tercer Mundo.
Empezaron a migrar las ideas desde la literatura hacia la música porque la nueva Verdad era entendida más fácilmente sobre notas musicales que sobre páginas confusas por estos nuevos jóvenes que irrumpían en el mundo como si el nuevo fuera este y no ellos. Los nuevos profetas deliraban desde Chelsea hasta Haight Ashbury mientras el nuevo Quijote ataba a Rocinante a las palmeras de la Habana.
América Latina para este momento era un continente más de nombres que de países. Si parafraseamos a Carlyle podríamos decir que nuestra historia se reducía a las biografías de los Gómez, Rosas, Rojas Pinilla, Pérez Jiménez, Perón, Somoza, Stroessner y en nuestro caso muy particular la de Trujillo. Todos ellos dictadores y todos los pueblos que representaban sometidos a sus férreas voluntades.
Para nuestros pueblos, sojuzgados por todas estas tiranías, lo que estaba pasando en Cuba era la respuesta a todas sus ansias contenidas de libertad y de justicia. Y, obviamente, sus protagonistas pasaron a ser los héroes de la generación emergente en la década del sesenta.
Y entonces sucedió que la rueda de la historia empezó a sepultar dictaduras y a parir democracias. Pero no creas que estos partos fueron fáciles.
Como bien sabes en el  año 1961 con la  muerte de Trujillo, luego de 31 años de férrea dictadura, se inicia nuestra vida democrática. Los cuatro años que van desde el ’61 hasta el ’65 fueron bastante convulsos con un intermedio de siete meses en los que gobernó Juan Bosch (del ’62 al ’63).
 Bosch fue derrocado por un golpe de estado militar en septiembre del ’63 y después de varios ensayos de gobierno, en el año ’65 se inició una revuelta popular pidiendo su retorno al poder. Esta revuelta se generalizó y adquirió tintes de revolución. Pero fue una revolución que nunca se escribiría con mayúsculas ya que sólo cubrió cinco calles de la Zona Colonial.
Y es, llegados a este punto, como nos encontramos con los aviones que iniciaron este relato. Pues bien, lo que había sucedido en la mañana de ese sábado y que yo por mi edad no estaba en capacidad de comprender, era precisamente el inicio de aquella revuelta. Una parte de la población de la ciudad capital y unos cuantos  militares se habían sublevado pidiendo el retorno de Bosch y los partidos políticos de oposición llamaron a una insurrección nacional.
Justo en ese momento yo me encontraba con un amigo en la esquina de mi calle comprando unos chocolates a un vendedor ambulante cuando escuchamos que nos llamaban a gritos desde la casa. Nos lanzamos a correr y uno de los aviones nos disparó una ráfaga de ametralladora que nos siguió toda el camino.
A partir de aquel  instante los rumores se adueñaron de nuestras vidas. El  trasiego de información cobró tal intensidad que sólo se vivía para comentar con los vecinos lo último que se había sabido de “allá adentro” (como pasó a llamarse la Zona Colonial),  y fue entonces, al llegar la noche, cuando las ráfagas de ametralladoras se adueñaron del espacio.
Comenzaba la Revolución del ´65.

lunes, 28 de enero de 2013

CRONICAS DE MEDIO SIGLO




CRONICAS DE MEDIO SIGLO



Vamos a recrear, Benito, uno de mis primeros recuerdos. Este relato es interesante por dos razones, la primera porque recoge uno de los hechos más trascendentes que vivimos como sociedad y como país y la segunda porque a la vez trataré de pincelarte como era el mundo de hace 44 años. Un mundo tan ajeno al actual que parecería que estuviéramos hablando de otro planeta.

I
Este relato tiene que ver con unos aviones de guerra de los que llamaban “vampiros” y que sobrevolaron la zona en que vivía.

Corría el mes de abril de 1965. Era sábado y si no recuerdo mal, serían aproximadamente las 3:00 de la tarde.  Tres aviones de los que llamaban vampiros volaban en círculos sobre la  calle en que vivía.
A la sazón contaba yo seis años y vivía con mi familia en el exclusivo sector de Gazcue de la ciudad de Santo Domingo. Debes saber, como dato interesante, que en las primeras cuatro décadas del siglo pasado la ciudad de Santo Domingo todavía estaba inscrita dentro de los muros que fueron levantados en tiempos de la colonia para protegerla de los piratas ingleses que asolaban la región.
El desarrollo económico y la estabilidad política que trajo consigo la dictadura de Trujillo (1930/61) propició el surgimiento de una incipiente clase media profesional que, como comprenderás, estaba compuesta por los descendientes de las escasas familias que detentaban  la primacía social de la ciudad. Era un momento en que los miembros de cada clase estaban perfectamente definidos y las clases mismas también (sin necesidad de ningún manual de Carlos Marx).   
El crecimiento de los miembros de esta clase económica hizo necesaria la expansión urbana para albergarla y así surgieron nuevos sectores extramuros (es decir fuera de las murallas de la ciudad) de los que  Gazcue había sido el primero. Luego vendrían Naco, Piantini, Arroyo  Hondo, etc.
Pues bien, déjame decirte que esa década de los 60’s del pasado siglo fue realmente extraordinaria para la humanidad y si nos propusiéramos buscar  el génesis de lo que vivimos hoy me atrevo a asegurarte que lo encontraríamos agazapado dentro de esos diez increíbles años.
Al inicio de la misma hacía sólo 15  años -(1945)-  que se había cerrado el capítulo de la Segunda Guerra.  El  mundo empezaba a levantarse de los escombros en que esta lo había sumido y el vocablo “guerra” era sinónimo de terror para la humanidad.
Sin embargo conjuntamente con la paz de 1945 había llegado la división ideológica y por ende política.  Las 45 millas del muro de Berlín se extendieron al mundo entero - (este será tema de una próxima epístola) – y de repente nos vimos divididos y enfrentados por la posición que ocupábamos frente a los medios de producción. Tal vez hoy te parezca absurdo pero en aquellos 60’s era determinante saber si eras burgués o proletario aunque nadie supiera a ciencia cierta qué significaban estos términos.
Para resumirlo simple y geográficamente diremos que los Estados Unidos y sus aliados representaban a los burgueses y la unión Soviética y sus aliados representaban a los proletarios, pero como la Industria Armamentista había parido una bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, éramos conscientes todos de que una nueva conflagración sería apocalíptica.
El miedo  a una guerra real con estos armamentos tan definitivos obligó a las potencias (que en este momento se estrenaban como superpotencias para diferenciarse de los demás países del primer mundo) a trasladar el escenario de las confrontaciones a las sedes de los organismos rectores de las naciones – ONU, OEA, etc.=   y a influir e incidir políticamente (prácticamente a “mandar”) sobre todos aquellos países que estuvieran en su esfera de influencia. Este proceso tuvo nombre y apellido y dividió al mundo en dos: la Guerra Fría.
Lo que ninguna de estas dos superpotencias aceptaba era que la otra pudiera expandir su  dominio a sus respectivas áreas de influencia. Esto trajo como consecuencia que cuando Francia salió de Indochina y Ho Chi Min se alzó en una guerrilla comunista devolviéndole el nombre de Vietnam al territorio, los Estados Unidos se sintieran obligados a intervenir militarmente aquel país para no sentirse tan burlados como les había pasado con Cuba solo dos años antes.
Con Vietnam la tan temida guerra había regresado. Lo que se pensó que sería un enfrentamiento de unos cuantos meses se extendió por más de una  década y es que el error de cálculo consistió en pensar que se iba a eliminar una guerrilla y resultó que  contra lo que se luchaba era contra todo un pueblo ungido por una mística libertaria.
El mundo contempló con horror como el ejército norteamericano bombardeaba con napalm los campos de Vietnam  y como  miles de hombres, mujeres y niños ardían vivos por efecto de estas bombas.
Entonces se levantaron voces en todas partes condenando aquellos hechos. Los jóvenes norteamericanos que eran llamados a unirse al “army” no entendían porqué y para qué peleaban y se negaban a alistarse, mientras la gran mayoría del pueblo norteamericano repudiaba aquella guerra. 
Para atizar mas el fuego de la historia y de esta historia, en 1963 los cubanos, o su máximo líder? - se declaran marxistas-leninistas (comunistas en buen español) y tras aliarse con la Unión Soviética convienen con Kruschev en la instalación de misiles nucleares en Cuba apuntando hacia Estados Unidos. Las profecías del Senador McCarthy se hacían realidad: el diablo rojo amenazaba con llevarse de encuentro no solo al pueblo norteamericano sino al mundo en su conjunto.  
Y sucedió entonces que, como toda acción genera una reacción, la juventud del mundo empezó a reclamar la paz por todos lados. Tres palabras peregrinas envueltas en todo tipo de signos se anidaron en las mentes juveniles: PEACE AND LOVE.   
Esta nueva generación de postguerra, mucho antes de que le correspondiera asumir los destinos de su vida y de su época, exigía un cambio de paradigmas sin saber muy bien a donde querían llegar. De lo que si estaban ciertos era de lo que rechazaban y rechazaban todo lo que les precedía. Eran un poco como Alicia (la de las maravillas) no les importaba donde llegar solo salir.
Empezaron a formarse las primeras comunas y guetos que albergaban estas semillas de lo nuevo y florecían en ciudades como San Francisco, los Ángeles, New York y Londres. Al ir creciendo de manera exponencial se hizo necesario ponerles un nombre  para identificarlos: los que inicialmente fueron bautizados como beatnicks cada vez más se fueron conociendo como hippies al integrar en sus filas a estudiantes activistas de izquierdas y promotores de derechos civiles aunque el componente político no fue tan determinante inicialmente.
Mientras esto sucedía con esta generación emergente, encargada de parir los miembros de la sociedad que conducirían al mundo al final del siglo y del milenio, la generación al  mando incapaz de entender los vientos de cambio, recrudecía su posición haciendo énfasis cada facción en el dominio político, económico y cultural del  mundo.
Ante la imposibilidad real de cambiar el  mundo y convertirlo en el paraíso de paz y amor que pregonaban no tanto como filosofía pero como una muy particular forma de vida, los hippies decidieron cambiar lo que si podían: la  forma de percibirlo y para percibirlo como lo soñaban se auxiliaron de las drogas. Los viajes de ser geográficos pasaron a ser lisérgicos.
Mientras esto pasaba con el hombre de la  calle, la intelectualidad de la época o intelligentsia se debatía como un péndulo ante las dos corrientes dominantes. Las zonas grises de las mismas tendían a desaparecer ante el sentido de urgencia de estar definido en uno u otro lado. Comunismo o capitalismo. Atrás quedaban los eufemismos.
Planteadas así las cosas estarás en capacidad de entender lo que pasaba con los aviones vampiros con los que inicio el relato. 



Pero esa será la segunda parte de esta crónica.

martes, 26 de junio de 2012

EL RENCOR Y EL PERDON


“Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar” Mahatma Gandhi.
Hoy quiero reflexionar sobre dos elementos que se contraponen y que son las dos caras de una misma moneda: el rencor y el perdón.
Antes de hablar sobre cada uno de ellos quisiera destacar una diferencia fundamental entre ambos: el rencor es un sentimiento pero el perdón es una decisión. Qué quiero significar señalando esta diferencia? Que el rencor es algo que viene sin que le llamemos y anida en nuestros corazones como un invitado que seca nuestras vidas mientras el perdón es un ejercicio de nuestra razón que sirve para limpiar el alma de esta antítesis del amor, el sentimiento mas puro que se supone debemos sentir por nuestros semejantes.
Ahora bien, el problema fundamental del rencor, es que sólo nos lo puede inspirar la falta que entendemos comete contra nosotros alguien que nos importa. Esto implica que solo en quien confiamos puede defraudarnos.
El rencor se encuentra emparentado con el odio, con el resentimiento, con el espíritu de venganza y con todo sentimiento destinado a infligir sufrimiento, paradójicamente, a quien lo padece y no al que lo causa y, lo que es peor, sin hacer nada por resolver el problema que lo ocasionó. Si alguien nos ha querido lastimar intencionalmente, a través del rencor estaremos permitiéndole instalarse dentro de nuestras vidas para continuar torturándonos de forma sistemática todo el tiempo que dichos sentimientos perduren.
Si sentimos rencor es porque hemos sido heridos en nuestro ego o hemos sido dañados emocionalmente de alguna manera, a esto le debemos añadir la sensación de decepción respecto de la persona que nos ha ofendido. Esto solo debería provocar suficiente sufrimiento en nosotros ¿Por qué motivo podríamos desear agregar más pesar a nuestro dolor?
El dolor emocional que alguien nos haya causado, lo causó en un presente que vertiginosamente se convierte en pasado. Debemos atormentar nuestro espíritu prolongando a través del rencor un dolor que no hemos originado y del que no conocemos las causas que movieron a quien nos lo causó? Intentemos comprender que aun lo que no comprendemos puede tener explicación. Entonces podremos liberarnos y liberar de culpa a quien nos dañó.
El rencor es pues, un sentimiento negativo que poco a poco se va aposentando en nuestro corazón y en nuestra alma. Es un sentimiento que se dirige hacia los demás y es una manera de mostrar el daño que nos causan. La persona rencorosa, al no decir que le han herido o que le están haciendo daño, guarda la parte más negativa de lo sucedido con resentimiento y, sobre todo, no se olvida de ello.

Hablemos ahora un poco sobre el perdón. 
       
El perdón no es solamente un mecanismo para liberar de culpa a quien nos ofendió, el perdón es un mecanismo para que yo sea libre de la amargura que dejó esa acción en mi corazón. Yo puedo decidir perdonar a alguien que no está arrepentido de verdad de haberme dañado, por que mi intención al perdonar, no es únicamente que esa persona quede libre de culpa, si no que yo quede libre en mi interior, que yo tenga paz, que yo pueda vivir bien, que haya desatado la amarra que me tenía detenido en el puerto.        
El perdón es una virtud del ser humano que revela en esencia lo que es él. Si no perdonamos a nadie, lastimosamente algún día caeremos en el lazo de ser implacables con las faltas, y algún día también seremos implacables con nuestras propias culpas.
El perdón es un regalo inmerecido, perdonamos a alguien que nos hirió aunque no se lo merezca. Y lo hacemos porque asi lo decidimos, porque es la única forma de mantenernos libres y que nuestros juicios sobre los demás puedan ser justos e imparciales.
Si nos damos cuenta, el perdonar es un acto incondicional y unilateral, así como lo es también el verdadero amor. No depende de que el otro haga su parte, sino de que yo haga la mía. Esa parte es perdonar la ofensa recibida.
Los dos obstáculos mas difíciles de superar en el camino del perdón autentico son, en primer lugar, la  soberbia y, en segundo lugar, el resentimiento. La soberbia se manifiesta en la indignación que siente el ofendido de que le hayan hecho algo ya que inconscientemente se siente superior al ofensor (es la base de las personas rencorosas: su sentimiento de superioridad); mientras que el resentimiento ata al ofendido con aquello que sucedió y lo hace repasarlo y revivirlo imposibilitando que lo olvide y lo supere.
Imaginemos por un instante a las personas que nos han hecho las cosas peores. ¿Nos hemos detenido a pensar las razones que los indujeron a proceder así? Quizás nosotros en su pellejo hubiéramos procedido de igual forma. A veces ignoramos que detrás de cada persona se esconde una infancia difícil, unas circunstancias personales complicadas, etc. Si tenemos la suerte de que la vida nos ha premiado con equilibrio, honradez y muchas otras virtudes, sintámonos afortunados, sintámonos felices y agradecidos no superiores a los demás.
Aprendamos pues a perdonar la mezquindad, la envidia, el engaño, la mentira, la cobardía, la hipocresía, la venganza, el odio, la desconfianza, la avaricia, la soberbia, el desprecio, el desdén, la humillación, las críticas... En realidad son carencias, manifestaciones de una persona que nos duelen, pero que quizás deberíamos compadecer y entender más que reprochar.
Por ultimo recordemos la medida del perdón que nos dejaron hace más de veinte siglos: “Perdona nuestras ofensas del mismo modo que nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

jueves, 7 de junio de 2012

EN EL DIA DE LAS MADRES A DOS MADRES Y UNA ESPOSA

Aunque no soy muy dado al genero epistolar (referido a la escritura no a la lectura), compartiré en esta entrada dos epistolas que entendí de justicia hacer en la celebración de las madres. La primera´es un poco difícil ya queva dirigida a dos mujeres, una abuela y una tia,que fueron mis madres y la segunda, como reza el titulo, va dirigida a mi esposa, madre de los dos hijos que desde hace un cuarto de siglo han hecho feliz mi existencia.

DOS MADRES
Hace ochenta y tantos años, nació el bebé que se convertiría con los años en mi madre.
Al menos una de ellas, ya que disfruté en mi infancia de dos grandes mujeres que hicieron, entre otros muchos personajes, que hoy esté yo aquí sentado.
Mi “abuela”, ejerció su influencia desde un instinto eminentemente matriarcal, todo un influjo que inculcó a quienes se dejaron. Y mi “madre” obviamente se dejó.
Fue esta mujer un instinto básico y vital que supo, ante todo, venerar a su esposo casi como si se tratara de un patriarca biblico, defender con vehemencia a cada miembro de su familia, educar a la que ejercería con el tiempo el papel de mi madre asi como a sus otros tres hijos (mis tíos).
Aunque hace muchos años ya que murió, tantos que tengo mas años vivo sin ella que los que conviví a su lado, es difícil que pase mas de un dia sin que alguna circunstancia trivial de la vida diaria no mela recuerde.
La veo continuamente, a mi abuela, a través de mi memoria con una nitidez que muchas veces me sorprende.
Recuerdo cada gesto, cada sonrisa y cada expresión de esa gran mujer a la que todos llamaban doña Chola pero que para mi abuelo siempre fue Calita. Un apodo que, si a alguien pudiera sonar a viejo, ella siempre llevó con gran orgullo. Una mujer definitivamente chapada a la antigua. Pero demasiado mujer para dejar impreso su sello indeleble en cada miembro de nuestra familia.
Siempre se notaba. Y lo digo echando mano de todos mis recuerdos. Una mujer como tantas de su época, para quienes la educación, los principios y la moral no se vendían en “botica”, otra de esas mujeres que levantaron familias sobre los cimientos de un orgullo sano de saber quien eres.
Yo no tuve la suerte de nacer de su vientre, pero su vientre produjo una semilla digna de su estirpe a la que debo cualquier cosa que sea hoy: a Cuquin. He aprendido a ser persona a través de estas dos mujeres.


Y UNA ESPOSA
PARA TI ALTAGRACIA POR SER LA MARAVILLOSA MADRE DE MIS HIJOS (Y UN POCO MIA TAMBIEN)

Sabes mujer porqué tu queremos?
Te queremos porque siempre estás ahí. Porque aún cuando estás cansada siempre tienes tiempo para nosotros, porque aún cuando sientes que las fuerzas flaquean, acudes con una sonrisa, porque aún cuando el sueño te vence, eres capaz de abrir los ojos de madrugada para ver si ya llegaron nuestros hijos y a mi, bueno, a mí me giras la cabeza para que deje de roncar. Entiendes porqué te queremos?
Pero además te queremos porque nos ayudas a ser mejores cada día, porque sabes escucharnos, porque nos ofreces tu tiempo, porque nos dices en qué hemos fallado y nos explicas qué podríamos hacer para solucionarlo y porque siempre hay cariño incluso cuando la paciencia parece agotarse.
Te queremos porque siempre estás pendiente de nosotros, porque duermes con un ojo abierto, porque vigilas nuestros pasos acompañándonos en el camino permitiéndonos intentarlo y acertar o intentarlo y equivocarnos, pero ofreciéndote siempre por si necesitamos tu ayuda.
Te queremos porque siempre llegas ahí donde nosotros nos hemos quedado cortos, organizando lo inorganizable y gobernando el timón de este gran hogar que hemos construido.
Te queremos porque nos quieres, porque con tu entrega nos demuestras día a día lo importantes que somos para ti, porque con tu tiempo nos regalas momentos inolvidables.
Te queremos porque decidiste dedicar estos años a ser madre, a criar a Fernando y Guillermo, a ofrecerles tu cariño incondicional sin otras obligaciones, sin horarios, sin reservas, estando ahí a todas horas en las duras y en las maduras, siendo ese angel a tiempo completo que cualquier hijo (y yo me cuento entre ellos) querría para sí.

jueves, 5 de abril de 2012

LA CORTESIA Y LAS BUENAS MANERAS


 “Ahora sabemos leer y escribir, pero nos comunicamos peor, se ha perdido la magia de las formas, la palabra no viene envuelta en papel de regalo”

Una de las primeras enseñanzas (y tal vez de las más importantes) que recibimos desde pequeños es la de la socialización. Tenemos que aprender a vivir y convivir con los demás y esto implica cumplir  una serie de normas morales y educativas  que incluyen la puesta en práctica de códigos que no siempre están escritos. Estas normas  valen por el simple hecho de que se ratifican en la vida diaria, en la cotidianidad, sin necesidad de largos discursos, elucubraciones  o disquisiciones teóricas. Un ejemplo de esto es lo que se ha dado en llamar “buenos modales”, un repertorio de gestos, actitudes y comportamientos que deben ser observados si realmente queremos formar parte de la sociedad sin estridencias. En síntesis: debemos procurar ser bien educados en cada situación que enfrentamos en nuestro diario vivir: el savoir-vivre de los franceses.
La buena educación es un quehacer que mejora extraordinariamente el curso de la vida. No hace falta ser ni obsequioso ni demasiado cortés para reflejar el buen uso de nuestra educación, sólo tener en cuenta los diferentes estados del otro, puesto que portarse con educación significa marcar los vínculos entre personas sin olvidar o ignorar al prójimo.
Las actitudes corteses son testimonio de la consideración, respeto y aprecio por los otros lo que no significa ubicarse en una situación de inferioridad con respecto a los demás. A cualquier edad el trato cortés facilita la convivencia y las buenas relaciones entre todas las personas.
La buena educación enseña, por ejemplo, a dar las gracias y a acusar recibo, a ser puntuales y respetuosos, reconociendo que la otra parte nos importa  y que no descuidamos el valor de sus sentimientos, su presencia, sus necesidades, en fin, de ser tenido en cuenta. De ese modo se demuestra que nuestro interlocutor cuenta o pesa en nuestro interior y consecuentemente le concedemos importancia por el simple hecho de existir. De existir a través de nuestro respeto o, lo que sería lo mismo, a través de nuestra atención.
Sin embargo, en nuestros tiempos hay cosas simples, pero extremadamente importantes, que se han olvidado: dirigirse a los demás con consideración, dar las gracias, pedir disculpas, etc. Posiblemente esto tiene una  misma causa: un notable complejo de inferioridad. Parece que si se considera a nuestro interlocutor, si se "dan" las gracias o se piden disculpas por una falta se queda uno sin lo poco que tiene. Las personas nobles, de carácter (que no es sinónimo de “mal” carácter), "educadas", y de valía no tienen el menor inconveniente en ser agradecidos, algo propio de los bien nacidos.
Existen textos que recogen las buenas costumbres pero no son una lectura urgente en nuestro tiempo ya que nuestro propio entorno (padres, colegas, amigos…) nos está diciendo qué es lo que debemos hacer para comportarnos conforme a esta nueva realidad plagada de vulgaridad y desconsideración.
"Con un lenguaje tan puro, un refinamiento tan grande en nuestros vestidos, costumbres tan cultivadas, y leyes tan bellas, somos bárbaros para algunos pueblos", decía La Bruyére para referirse a la sociedad francesa del siglo XVII, sin embargo, si eliminamos lo de “para algunos pueblos” creo que la frase define perfectamente el tiempo que estamos viviendo. Al salir a la calle y contemplar el espectáculo de nuestro comportamiento nadie pondría en duda que “somos bárbaros”.
Alfonso Ussía en su "Tratado de las buenas maneras" afirma que “la peor plaga que padece hoy la humanidad es la de la grosería”. Esta sentencia la ratificamos todos los que nos movemos en diferentes círculos, analizando los comportamientos que definen la personalidad del individuo de hoy, ese saber estar tan necesario en este país que cada día está más enfermo de mala educación. Hoy en día todo se vale, eso es ser “cool”, actual, hacer lo que la moda impone o lo que me da la gana (“a mi nadie me mantiene”).  Lo que cuenta es llamar la atención a toda costa. Y eso sólo se logra exhibiendo en todo lo que hacemos un vulgar desprecio por las buenas maneras.
El ciudadano “normal”, como es mi caso, siente que no hay forma de hacer valer sus derechos ante estos individuos que han tomado por asalto nuestra sociedad. El desconcierto se reafirma en el desprecio a las formas del que alardean, en la falta de respeto a la figura de la autoridad en todas sus variantes, a los principios si es que los tienen, signo inequívoco una vez más de una educación y una moral  que están por los suelos.
A veces me pregunto qué se puede esperar de una generación que disfruta al máximo de canciones cuya letra es “muu  ah po son vaca”, “pe pe por ahí viene pepe”, “que diablo e, que diablo e lo que tiene el denbow”, y así muchas mas. Y si a la forma de bailarlo vamos es todo un monumento a la peor vulgaridad. Por eso vemos entierros en los que el muerto va cargado de pistolas, el cortejo bebiendo y cantando canciones alusivas a la cotidianidad de estos grupos, lo que nos quieren vender como “música urbana”.
Me reafirmo en mi postura sobre que el respeto a los demás, las formas y la educación no podrán erradicarse, por mucho que se empeñen los miembros de la actual generación, pues son partes esenciales de la convivencia en armonía. Los buenos modales se aprenden desde los primeros pasos y balbuceos, obedeciendo la carencia actual de los mismos a un falso concepto de libertad y de modernidad.
Y esto, señores, sólo se logra en la casa. No tiene nada que ver con el 4%.