Pretender un consenso alrededor de la palabra felicidad es un imposible. Cada uno tiene su definición y ningún diccionario puede abarcarla.
Están quienes afirman que la felicidad es una invención de nuestra cultura y los que la consideran una utopía inalcanzable.
Hay para quien solo existen los momentos felices y para quien puede llegar a ser un estado permanente. También los que buscan la felicidad en el poder, el dinero y las posesiones y los que tratan de reducir el deseo a su mínima expresión.
Están los que creen que la felicidad es amar y los que creen que es amarse, así como los que piensan que hay que amarse para amar.
Están los que como Santa Teresa confiesan que su mayor pecado fue querer ser feliz y los que como Borges afirman que no haberlo sido es el peor de los pecados.
Entre tanta definición y tanta diferencia, sospecho que quizás la búsqueda de la felicidad sea la pregunta equivocada. Por eso, y a riesgo de estar equivocado, desde hace un tiempo concluí que yo no he venido aquí ni a ser feliz ni a no ser feliz, yo aquí he venido a vivir.
He venido aquí a mirarle a los ojos a la vida y a aceptar que entre ella y yo nunca va a ir todo bien. Que si bien está llena de alegrías, ilusiones y sorpresas, también lo está de sinsabores, sustos y decepciones. He venido a aceptar el desafío de llevarme lo que me toque, que espero sea lo mas que pueda: besos y abrazos, comienzos y rupturas, triunfos y fracasos. Yo no quiero una vida a pedacitos, yo la prefiero entera, porque prefiero un dolor de verdad a una alegría de mentira.
Quiero tener cosas que contar. Quiero campos, rios, amistades, viajes y aventuras. Quiero conocer la paz de un camino recto y asfaltado, pero también la adrenalina de la curva. Y si alguien prefiere quedarse en una roca meditando, serenando su alma, controlando sus deseos y alcanzar así los mayores niveles de felicidad, me parece bien, pero yo esa vida no la quiero. No quiero una vida calmada, sin sufrimiento, sin impotencia y sin frustración.
Quiero vivir la vida con las reglas de la vida, donde unas veces se gana y donde otras se aprende.
Y que acabe rápido el domingo, que éste no hacer nada hace que uno piense mucho jajajajajajajajajajaja
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