sábado, 21 de septiembre de 2019

Sacrificios humanos

Muchos pueblos antiguos realizaban sacrificios humanos. En muchos casos, se trataba de apaciguar la cólera de los dioses matando niños, el primogénito, o un grupo de jóvenes de cualquier sexo. Vaya como ejemplo el caso de Ifigenia, sacrificada por su padre Agamenón para calmar la ira de Apolo. O los siete jóvenes y las siete muchachas que debían entregarse cada nueve años al Minotauro de Creta para que los devorara. O los sacrificios aztecas ofrendando la vida de su mejor guerrero para aplacar a Quetzalcoatl. Como una siniestra perversión del Destino, se conocía el número de víctimas antes aún de que murieran. Siempre jóvenes.
Estas prácticas fueron abolidas y condenadas cuando se salió de la prehistoria.
No obstante, el cristianismo tiene su origen y tema central en el sacrificio humano. Jesucristo, figura máxima de la cristiandad, con la cual ésta se inaugura, es el Hijo sacrificado para salvar a los hombres del pecado. Además, muchos santos agregaron a sus virtudes el haber sido mártires, es decir, haber sido muertos por su religión.
El sacrificio humano para apaciguar la ira de otro Dios o para buscar su perdón porque somos malos.
La historia siempre repitiéndose.
Ahora en medio de tantos desastres, guerras y hambrunas los sacrificios humanos se contarían por decenas si estuviéramos en la antigüedad. Sin embargo sólo contamos con la sangre de las victimas de los mismos fenómenos que quisiéramos expurgar...

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