La corrupción, en cualquiera de sus grados, tiene un origen concreto y su resolución no pasa ni por indignarse, ni por negar su existencia. Una de las claves del asunto tiene que ver con que la sociedad toda, frente a situaciones como estas, se coloca, con absoluta ausencia de autocrítica, en una posición repleta de incongruencias y cargada de prejuicios.
Con gran virulencia se inculpa con fuerza a quien está dispuesto a cobrar a cambio de un beneficio irregularmente otorgado. Es solo en ese caso en el que se califica al protagonista como una persona corrupta.
Es frecuente que quienes critican en los demás estas conductas sean los mismos que en su vida diaria, evaden impuestos, utilizan tecnología sin pagar licencias, copian literatura sin pagar derechos de autor y contratan servicios de personas sin registrarlas. Son los cultores de la doble moral de este tiempo.
La corrupción forma parte de la realidad y está presente de diversas formas en esta vida terrenal. En el mundo empresarial, como en todas las actividades, se puede encontrar a aquellos que disponen de un comportamiento ético, que progresan asumiendo riesgos y compiten en el mercado ofreciendo talento.
Pero no es menos cierto que otra cantidad importante de personas viven a la luz de negocios espurios, de prebendas estatales, de privilegios otorgados desde las sombras del poder. Obviamente esos individuos obtienen sus ingresos gracias a la influencia circunstancial de funcionarios que trabajan para ellos desde el Estado y que con atribuciones desmedidas más una absoluta discrecionalidad, deciden los destinos de esos fondos.
Es peligroso generalizar, pero más hipócrita es hacerse el distraído y hacer creer a los demás que la corrupción incluye a unos pocos cuando la realidad muestra a diario exactamente lo contrario.....
No hay comentarios:
Publicar un comentario