LA humildad y la soberbia son términos que se prestan a equívocos. La soberbia nos lleva a exagerar las propias cualidades o capacidades y va acompañada de vanidad, nos lleva a creernos superiores a los demás. La humildad muchas veces es, a mi juicio, una virtud mal entendida, ya que nos lleva a pensar erróneamente que para ser humildes tenemos que infravalorarnos, confundiendola así con la falsa humildad que en definitiva no es mas que otra forma de orgullo.
La persona verdaderamente humilde se conoce a si misma y sabe con claridad cuáles son sus talentos, sus cualidades o capacidades, a la vez que también conoce sus debilidades y limitaciones.
C.S.Lewis en su libro "Cartas del diablo a su sobrino", pone en la boca de un demonio experimentado el siguiente consejo: “Debes intentar mantener escondido ante tu paciente la verdadera finalidad de la humildad. Hazle pensar que no se trata tanto de olvido de si, sino más bien de tener una cierta opinión (ciertamente negativa) sobre sus talentos y carácter. Seguro que tiene talentos, pero métele en la cabeza la idea de que la humildad consiste en intentar creer que esos talentos valen menos de lo que piensa que valen".
La falta de sinceridad es la enemiga mortal de la humildad. La ignorancia y el error esclavizan. Saber quienes somos, de donde proviene todo y como tenemos que utilizarlo nos lleva a ser verdaderamente humildes.
Así nos evitamos las poses y la falsa humildad que no conducen a ningún sitio...
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