martes, 30 de abril de 2019

Sensualidad...

La sensualidad, ese don increíble y natural es patrimonio de cada uno de nosotros, solo que, por lo general, nos hemos olvidado de poseerlo o de definirlo en su real acepción. La sensualidad como alegría, presencia, espontaneidad, pasión absoluta por la vida está presente en todos desde que nacemos.
La sensualidad está totalmente vinculada a nuestros sentidos. En cada momento de nuestra vida utilizamos nuestras capacidades sensoriales, pero normalmente ni nos damos cuenta de que esto está pasando o, aun más a menudo, utilizamos de manera muy limitada estas capacidades.
Nos movemos como autómatas, sin percibir el movimiento, el cuerpo, el esqueleto que nos sostiene.
Tocamos muestro cuerpo, el cuerpo de los demás y los objetos que nos rodean, pero no nos damos cuenta de los mensajes que nos está transmitiendo nuestra piel. Comemos distraídamente, la mayoría de las veces hablando y pensando en otros asuntos, pero no saboreamos la comida.
Miles de olores y perfumes llegan a nuestras narices y envían sensaciones a nuestro cerebro, pero ni los percibimos. Una babel de sonidos y ruidos llega a nuestros oídos, pero no podemos escuchar de verdad con toda nuestra atención.
Nuestros ojos reciben una multitud de información en imágenes, pero no podemos ver de verdad. Sin embargo, justamente nuestros sentidos son la llave para entrar en contacto directo y real con el mundo que nos rodea.
Recontactar con los sentidos significa gozar de la maravilla de la vida y unirlos a la conciencia es el secreto para vivir sensualmente.
Que a propósito nada tiene que ver con la connotación sexual que le acompaña, sino con la calidad de vida que tenemos.

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