El afirmar que somos racionales no implica que siempre tengamos la razón. La paradoja de esta realidad es que los seres dotados de raciocinio son los únicos que pueden equivocarse e incurrir en el error; aunque lo puedan corregir y rectificar. En este sentido, podríamos afirmar que el hombre no es un animal racional propiamente dicho, sino un animal que tiene la capacidad de razonar; pero que unas veces la usa y otras no. Sin embargo, esa capacidad de razonar es, precisamente, la que define al ser humano como ser racional, pues nadie puede dar lo que no tiene.
Las personas pueden incluso perder la razón, lo que es imposible en los demás animales que carecen de ella.
La razón es, por consiguiente, un instrumento que nos permite indagar la verdad; pero también asumir el riesgo de caer en el error. El error se comporta como un inseparable compañero de nuestras vidas. Tanto el acierto como el error son propios de la actividad intelectual, a sabiendas de que "la verdad es una" y "el error es múltiple" como decía Simone de Beauvoir.
Pensar y pensamiento no son lo mismo, pues pensar es una actividad mental común a todos los seres racionales; pero el pensamiento, aunque recaiga sobre la misma cosa, es individual e intransferible de cada persona y, por eso, no tiene porqué ser el mismo en todas ellas. Pensar es una actividad y el pensamiento el resultado de esa actividad.
Por eso aunque todos pensemos sobre un un mismo hecho es muy posible no todos razonemos lo mismo....

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