"Todos los hombres nacen ignorantes de todas las cosas" y la mayoría viven así la mayor parte de su vida, dice Spinoza.
Los hombres estamos, por naturaleza, sometidos a las pasiones. Esto no significa que, en esa situación, el hombre sea un simple animal y que no posea razón alguna. Significa más bien que, al no ser la razón el principio que guía a todos, el apetito, para los hombres primitivos, es un criterio tan válido como la razón. Es decir, mientras consideramos que los hombres viven bajo el imperio de la sola naturaleza, aquél que aún no ha conocido la razón... vive con el "máximo derecho" según las leyes del solo apetito, exactamente igual que aquel que dirige su vida por las leyes de la razón. Por eso no les mueve otra cosa que lo mismo que a los animales.
Ahora bien, en esa situación, no hay paz ni seguridad ni abundancia, sino que campean por doquier el miedo, la inseguridad y la miseria. Como es obvio, los hombres vieron tales inconvenientes y las ventajas, en cambio, que les reportaría el "vivir según las leyes y los seguros dictámenes de nuestra razón". Así, pues, concluye Spinoza, "para vivir seguros y lo mejor posible, los hombres tuvieron que unir necesariamente sus esfuerzos... Por eso, debieron establecer, con la máxima firmeza y mediante un pacto, dirigirlo todo por el solo dictamen de la razón... y frenar el apetito en cuanto aconseja algo en perjuicio de otro". Pero, insisto, eso solo se refiere a aquellos hombres y pueblos que lograron, mediante el ejercicio de civilizarse, llegar a ser guiados por la razón.
Siempre me pregu nto, en que etapa hemos sido màs felices...
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